Una breve y extraña historia de la newsletter
Se supone que la newsletter siempre está muriendo, y se niega a hacerlo. Substack la volvió a poner de moda, LinkedIn le añadió una, de repente todo creador tiene la suya. Pero lo que la gente llama nuevo tiene unos trescientos años. Esta es la extraña historia, a trompicones, de cómo un panfleto de cafetería acabó siendo eso que tienes ahora mismo en la bandeja de entrada.
Siglos XVII y XVIII: chismes, barcos y cafeterías
Antes de los periódicos tal y como los conocemos, Europa funcionaba con "cartas de noticias" manuscritas: hojas privadas, solo por suscripción, con chismes comerciales y políticos enviadas por correo a mercaderes y nobles que pagaban por el privilegio. En las cafeterías de Londres, las hojas impresas pasaban de mano en mano, y cada local era conocido por un sabor de información: comercio marítimo aquí, política allá. Ya estaba todo el modelo: una lista de suscriptores que pagan, una cadencia regular y una persona con un punto de vista. La tecnología eran plumas y caballos, pero la idea era Substack.
El siglo XVIII: Ben Franklin lo convierte en negocio
La América colonial funcionaba con hojas impresas, y Benjamin Franklin entendía la distribución mejor que nadie. Como impresor y jefe de correos, se aseguraba de que sus publicaciones se enviaran, y las de sus competidores a veces no. Es una lección muy antigua con sombrero de tres picos: poseer el canal importa tanto como poseer el contenido. Cada guerra de plataformas desde entonces ha sido una versión de la misma idea.
El siglo XX: la newsletter corporativa (y su reputación)
Ya en el siglo XX la newsletter tenía un trabajo fijo. Empresas, iglesias, clubes y sindicatos tenían la suya, casi siempre fotocopiada, grapada y densa de avisos que casi nadie leía del todo. Esta es la época que le dio a "newsletter" su reputación algo rancia: el boletín impreso sobre la mesa de la sala de descanso. Útil, bienintencionado y rara vez emocionante.
Los años 90: se vuelve electrónica
Entonces llegó el email y el formato cambió de forma de la noche a la mañana. De repente podías enviar a mil personas por el coste de enviar a una, y nació la newsletter por email, junto con toda la industria del email marketing a su alrededor.
Los 2000: el spam casi lo arruina todo
El envío barato tenía un gemelo oscuro. Las bandejas se llenaron de basura, los filtros se pusieron agresivos y la palabra "newsletter" empezó a oler a "spam" tanto para las personas como para los proveedores de correo. Es el momento en que se inventó, por pura necesidad, el marketing basado en permiso: opt-in, enlaces de baja y toda la disciplina de la entregabilidad que los remitentes siguen respetando hoy. La era de los blogs y el RSS ofreció una vía rival para seguir a alguien, y más de uno escribió el obituario de la newsletter.
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Los 2010 y 2020: el gran regreso
El obituario fue prematuro. A medida que los feeds sociales se volvían ruidosos y algorítmicos, la gente ansiaba algo más tranquilo y directo, y la newsletter estaba en el lugar perfecto: ningún algoritmo entre quien escribe y quien lee, solo una lista y un botón de enviar. Substack, Ghost y una oleada de herramientas para creadores convirtieron "tengo una newsletter" en una salida profesional. El panfleto de cafetería había vuelto, esta vez monetizado.
Por qué la newsletter siempre vuelve
Quita tres siglos de tecnología y las mismas cuatro cosas explican su terca supervivencia:
- La lista es tuya. Ninguna plataforma puede recortar tu alcance a las personas que eligieron saber de ti. Eso es lo único que las redes sociales nunca pueden ofrecer del todo.
- Es directa. Quien escribe, quien lee, y ningún feed en medio.
- Premia la confianza, no la viralidad. La gente te deja entrar en su bandeja a propósito, y ese permiso vale más que mil impresiones de paso.
- Es simple. Un punto de vista, una lista, un ritmo regular. Esa receta funcionaba en 1710 y funciona ahora.
Las herramientas cambian cada pocas décadas. Lo esencial, una persona en quien confías apareciendo en tu bandeja según un horario, nunca se ha ido del todo.
Preguntas frecuentes
¿Cuál fue la primera newsletter?
Sus antepasadas fueron las "cartas de noticias" manuscritas que se vendían por suscripción en la Europa de los siglos XVI y XVII: hojas privadas de noticias comerciales y políticas enviadas a lectores de pago, mucho antes de que se extendieran los periódicos impresos.
¿Por qué las newsletters por email se hicieron tan populares en los 90?
El email hizo que la distribución fuera casi gratis: llegar a mil suscriptores costaba más o menos lo mismo que llegar a uno. Esa economía creó tanto la newsletter por email como toda la industria del email marketing a su alrededor.
¿De verdad están volviendo las newsletters?
Sí. A medida que los feeds sociales se saturaron y se volvieron algorítmicos, lectores y autores regresaron a la newsletter por su carácter directo y por la propiedad de la lista, impulsando plataformas como Substack y toda una economía de newsletters de creadores.
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