Mensajes no deseados, y por qué perjudican a todos
El spam no necesita presentación. Llena los buzones, se recibe con irritación o con recelo, y es la razón de que exista un filtrado tan agresivo. Su coste real recae sobre los remitentes legítimos: cada mensaje no deseado vuelve más escépticos a los proveedores de correo respecto del siguiente, y las campañas honestas lo pagan en entregabilidad.
La distinción que importa no es el tono ni el volumen. Es el permiso. Un boletín que alguien pidió y un mensaje masivo que nunca solicitó son cosas distintas ante la ley, y también en la bandeja de entrada del destinatario.
De dónde viene la palabra
El término procede del Spiced Ham, la carne enlatada que se vendía con la marca SPAM, a través de un sketch de Monty Python en el que la palabra se repite hasta que no se puede oír nada más. Es una descripción bastante fiel del fenómeno.
La mayor parte del spam es publicidad, pero la misma técnica sirve para llamamientos disfrazados de peticiones benéficas, mensajes con finalidad política y fraudes financieros puros y duros. Lo que lo caracteriza técnicamente es un remitente oculto o falsificado y direcciones obtenidas sin permiso, y por eso responder o darse de baja no suele servir de nada.
El phishing es un problema distinto
El phishing va un paso más allá de la publicidad no solicitada. El remitente suplanta a una organización en la que el destinatario ya confía —un banco, una administración pública, un proveedor conocido— para obtener credenciales o datos de pago. El objetivo no es la atención sino el engaño, y sus consecuencias jurídicas están en el derecho penal y no en la regulación del mercadeo.
Para los remitentes legítimos, la defensa práctica es la autenticación. Publicar registros SPF, DKIM y DMARC hace bastante más difícil que alguien envíe correo convincente en su nombre, y los proveedores de correo tratan cada vez más su ausencia como una señal en sí misma.
Qué dice la ley
En toda Europa, la regla desciende de la Directiva sobre la privacidad y las comunicaciones electrónicas de 2002: el correo comercial dirigido a un particular exige consentimiento previo, el remitente debe ser identificable y todo mensaje debe ofrecer una forma gratuita y sencilla de dejar de recibirlos. Cada Estado miembro la transpone en sus propias normas, y por eso el detalle cambia de un país a otro aunque el principio no lo haga.
El RGPD se superpone a lo anterior y rige los datos personales que hay detrás de la lista: cómo se recogieron, cuánto tiempo se conservan y el derecho absoluto del destinatario a oponerse a la mercadotecnia directa. Fuera de Europa la redacción difiere, pero la dirección es la misma: Suiza trata el correo comercial no solicitado como competencia desleal, y Canadá exige consentimiento, identificación y una baja que funcione en virtud de la CASL (ley canadiense antispam).
El hilo constante es que ninguno de estos regímenes pregunta si su mensaje era interesante. Preguntan si la persona aceptó recibirlo, si puede saber quién se lo envió y si puede hacer que pare.
Consulte también:
- Cumpla con la ley francesa en sus campañas de envío de correos
- Envío profesional de correos estrictamente controlado por la ley suiza
- Asegúrese de cumplir con la ley belga en sus campañas profesionales de envío de correos
- Realice campañas profesionales de envío de correos cumpliendo con las leyes canadienses